Cuando era mechón fui a comer con una amiga de carrera cerca de la U y de vuelta ella se encontró al cabro con el que pinchaba en ese entonces sirviéndose a otra pendeja, de suertudo terminé consolándola acurrucada en mi pecho y haciéndole cariñitos en la cabeza, sin querer pasé a tocarle un labio con el pulgar y me acercó la cara con los ojos cerrados, pero fui una roca y no hice nada.
Fuimos amigos por el resto de la carrera y me ayudó a no repetir nunca más ese error, pero puta, ojalá haberla besado a ella.