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Puedes quejarte, desde las comodidades que manifiestan nuestras absurdas burocracias occidentales, de esas mismas burocracias. Quizás desees vivir de forma más sencilla, en una isla tropical, pero estarías rogando por volver a la civilización en cuestión de minutos.
Porque no tendrías que trabajar menos, sino que más, y por menos recompensas. Quizás pienses que serías el jefe de una isla, y sí, sería un buen empleo, pero lo más probable es que no sea en eso en lo que te conviertas.
Serías un campesino y pescador, trabajando más duro que ahora por ni una fracción de los beneficios que obtienes aquí. No serías la carne de un sándwich de Moana y Pusadi; te faltarían dedos y morirías a los 36.
Como decían los antiguos hawaianos, "no te moai, hermano, ser hawaiano es como el ano".