Pobre chorito rosado, yo le sería fiel toda la vida y jamás, pero jamás en mi vida retrocedería evolutiva y racialmente pasando de meter mi pichula dolape en esa vaginita rosada y húmeda argentidiosa a un choro morao pelúo y con hongos de un india chilena.
Qué manera de desperdiciar ángeles rosados estos argentinos maricones.