ten铆a un profesor de religi贸n tan carism谩tico que ten铆a siempre toda mi atenci贸n, yo no rezaba, no era obligaci贸n quedarse en la sala pero estar en su clase sanaba el alma, se sent铆a acogedor, incluso daban unas ganas que se acabara el mundo ah铆 mismo y quedarnos en la sala con 茅l cuid谩ndonos