“Los indios, o bien por descendientes de alguna raza, o que quisiera dar Dios ese castigo, o por individuos de una nación sojuzgada, o acaso por la poca cultura que tienen, aun después de dos siglos de conquistados nacen en la miseria, se crían en la rusticidad, se manejan con el castigo, se mantienen con el más duro trabajo, viven sin vergüenza, sin honor y sin esperanza (…) y nada de esto ha podido arrastrar a los españoles pobladores a mezclarse con las indias. Éstas generalmente hablando, y con sólo la excepción de un caso rarísimo, son positivamente de un aspecto desagradable, malísimo color, toscas facciones, notable desaliño, cuando no es desnudez ninguna limpieza, menos cultura y racionalidad en su trato (…) Son pobrísimas, viven en una choza, cuyas paredes son de barro, o de ramas de árboles (…) Sobre todo el español, que hubiera de mezclarse con india, vería sus hijos careciendo de los honores de españoles; y aun excluidos de el gozo de los privilegios concedido a los indios. Lo mismo, y con mayor razón debe decirse, en caso de que la mezcla se haga en negros, mulatos, u otras castas originadas de ellos; y así no hay por donde sean regulares; y mucho menos tan comunes como pinta la malevolencia estas mezclas”.