Una vez una weona me trataba mal porque decía que los pendejos eran mañosos o tiraban mal, hasta que salió de la cama a buscar lubricante o alguna weá. Me quedé pensando 5 segundos y me puse la ropa de abajo, me senté en la cama, la esperé así y le pregunté si me podía bañar. Ahí cambió el tono y me ofreció hasta toallas. Luego, me dijo que perdón, que no quería hacerme sentir mal y todo, yo le dije que sí, no importaba y me fui.