Choros con hongos, estrías, pliegues, olor putrefactor y en especial, moraos. Qué infierno en vida es haber nacido en los asentamientos indígenas chilenos mientras que a 100 o 200 km al oriente está literalmente lleno de ángeles celestiales de vaginas rosadas, lubricadas y sabrosas, dispuestás esrrujar cualquier pene que vean por delante siendo ellas la de la iniciativa y poco menos que pidiendo sexo dolape en la calle con todo ese carisma y simpatía que irradian estas hermosuras.