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En esos tiempos las minas retenían toda la calentura en vez de andar despilfarrándola en pequeños montos sucesivos mediante el reguetón o Instagram, o sea el porno soft, y a razón de ello andaban verdes por aunque sea que las manosearan y por algún motivo quizás parte de la psicología pueblerina media huasa, estos actos de amor incipiente culminaban de manera más rápida que ahora, donde las pendejas todas se creen divas y si no tienes rasgos mapuche, mides 1.80m y andas vestido como caribeño no te pescan, o si no tienes auto, más importante esto, tampoco te prestan el Sapolio™, así que otrora lo que ocurría era que solo bastaba tener el 10% de personalidad de lo que el que la tiene actualmente necesita para tener éxito en estos contextos, para que fueran a cualquier cerro cercano ─los que evidentemente abundaban en virtud de la inexistencia de la burbuja inmobiliaria─ y allí intercambiar placer a usufructo mutuo de las partes pudendas, que es exactamente lo mismo que afirmar la verdad de que en esos años gloriosos de Chile, las jovencitas eran mucho más maracas pero soterrando esta afición al punto de que su propalación no se consideraba más que unos secretos a voces y ahora que esas mismas jovencitas rondan los cincuenta años esta información se utiliza para difamaciones sutiles en pelambres ocasionales devenidos por el despecho. EN CAMBIO, ahora no son más maracas sino que se creen más maracas o bien ejercen este libertinaje en formas que no necesariamente ponen sus carnes reales y presenciales en juego.
Quien se ha tirado una veneca sabe de qué hablo. De tanto calentar la sopa todo el día con gestos, jerga caribeña y movimientos lascivos de los kilos de los perniles y la esteatopigia y las ubres operadas con aceite de camión, ya no tienen con qué excitar activamente en el catre a la hora de los quiubo. Las chilenas no tendrán poto, tendrán las carnes sueltas y serán más fregadas que la chucha, pero a la hora de culiar basta que uno se acueste en la cama y después hay que rogarles para que se suelten de la corneta.