>>51224
Juventud, divino tesoro como dicen las viejas.
No creo que sea bueno burlarse porque así funciona la vida, el milagro de la felicidad en la existencia consiste en que se te otorgan plazos para realizar cada cosa, en virtud de cuyo cumplimiento se te premia con bienes.
Por otro lado, no es del todo cierto lo que dices, puesto que el dinero todo lo puede comprar. Mi hermano tiene dos amigos guatones y pelados, ambos casados, y que al mes cagan a la señora unas cuatro veces con lolitas. Porque tienen plata.
El creer que en el hombre todo se juega por su apariencia, es seguir pensando con mentalidad de adolescente. Luego, quien diga algo así como
"YA PERDISTE LA OPORTUNIDAD DE COMERTE ESTO Y TENER UNA VIDA FELIZ CON TU PRIMER AMOR.", es porque él mismo, al no haber gozado de esta etapa, se quedó pegado en la manera de pensar adolescente, puesto que lo que prima en el hombre es
EL PODER,
entiéndase el dominio, la alta persuasión, el respeto o temor, etc. En ese sentido, la efectividad del tener plata ni siquiera requiere que la gastes con ella, sino que la ostentes y mediante esto impactarla un modo tal que se geste en ella un temor o respeto que hará que se vea constreñida a no discrepar en nada de lo que digas y hacer prácticamente lo que le ordenes. Mientras más jovencita, más fácil es esto y por lo tanto más fuerza da al argumento contrario al de OP. Si cuando llegas a ponerte guatón y pelado es aquella etapa en que mejor estás económicamente, entonces mientras más jovencita, más fácil y efectiva es la persuasión con esa posición económica.
Es más, quien tenga calle respecto a las relaciones humanas, sabrá que en los flirteos con una cuarentona o cincuentona, lo que menos importa es la apariencia ni la plata.
¿Cómo compruebo que el poder es el camino y no la apariencia? Porque el poder se nota hasta entre hombres, cuando en vez de inclinaciones sexuales se ve que algunos ponen todo su afán en captar la aprobación de un puro individuo por considerarlo una especie de prodigio o modelo ideal de lo que ellos piensan que deberían ser. Esto mismo ocurre en las lolitas, donde aún si discrepan del aludido, se convencen de que deben mantenerse a su lado hasta la dependencia porque, inconscientemente es decir sin mucha reflexión y sin que se den cuenta de estas decisiones, suponen que esta opción les mejorará la vida y optan por la sumisión a cambio de un mejor pasar. A posteriori, se fuerzan a adoptar el criterio femenino de que la sumisión es algo que debe excitarlas. Luego, si por la fealdad del pelado y guatón esta sumisión se subraya más justamente por considerarse forzoso desde una estética adolescente el que una lolita pura y lozana se meta con tal esperpento, más excitación surge en ella y más se convence de que esto es lo conveniente.