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Hubiera sido un héroe si le disparaba a algún político, incendiaba una cárcel o apuñalaba a un empresario. Pero el saco huea, como típico guatón perdedor, bulleado y virgen, tenía que planear la más homosexual y desbasada de las matanzas, en un colegio de mala muerte.
Lo único jajeante de todo esto es que el hueón no logró su cometido, lo retuvieron altiro al gordo tetón, no alcanzó a matarse y ahora será el juguete sexual de todos los reos de la cárcel hasta el útlimo día de su vida, porque seguramente le darán cadena perpetua.