Capítulo II: El retroceso (1921-1925)
Entre 1921 y 1925, la selección nacional no logró consolidar la tímida mejoría exhibida en el torneo de Viña del Mar y, por el contrario, volvió a sumergirse en la irrelevancia continental.
En este lustro, Chile solo participó en dos de las cinco ediciones del Campeonato Sudamericano. En 1922, en Río de Janeiro, el equipo sumó un punto ante el anfitrión Brasil, pero luego cayó estrepitosamente ante Uruguay, Argentina y Paraguay, cerrando el torneo en el último lugar. En 1924, en Montevideo, la actuación fue aún más lamentable: tres derrotas, un gol a favor y diez en contra, sin sumar un solo punto.
Las otras tres ediciones —1921, 1923 y 1925— encontraron a Chile ausente del certamen. Las razones fueron siempre las mismas: una federación sumida en crisis económicas y disputas internas, incapaz de costear los viajes de la delegación o de armar un equipo competitivo. Mientras Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay se disputaban la supremacía continental, Chile miraba desde la orilla, acumulando ausencias y derrotas.
Capítulo III: El despertar (1926)
1926: Santiago, el año de David Arellano
La décima edición del Campeonato Sudamericano, disputada en Santiago entre el 12 de octubre y el 3 de noviembre de 1926, marcó un punto de inflexión. Por primera vez, Chile no solo abandonó el último lugar, sino que exhibió un desempeño que anunciaba el inicio de una nueva era.
El torneo se desarrolló en el Campos de Sports de Ñuñoa, con la ausencia de Brasil y el debut de Bolivia. Chile, dirigido por el italiano José Rosetti, alineó a una delantera encabezada por David Arellano, Guillermo Subiabre y Manuel Ramírez.
El debut fue histórico: Chile goleó a Bolivia por 7-1. Arellano anotó cuatro goles, Subiabre dos y Ramírez uno. Fue la primera victoria de Chile en un Campeonato Sudamericano. Luego vino una derrota 3-1 ante Uruguay, un empate 1-1 con Argentina y una victoria 5-1 sobre Paraguay.
La tabla final reflejó la jerarquía de Uruguay, que se coronó campeón invicto con 8 puntos. Argentina fue subcampeón con 5 puntos. Chile, con 5 puntos (2 victorias, 1 empate y 1 derrota), ocupó el tercer lugar, sólo por debajo de Argentina por diferencia de goles.
El torneo tuvo un goleador absoluto: David Arellano, con siete anotaciones, estableció un nuevo récord de goles en una sola edición del campeonato. Su póker ante Bolivia y sus contribuciones en los partidos contra Uruguay, Argentina y Paraguay lo consagraron como la figura del certamen.
Capítulo IV: Años de ausencia y la resurrección de un ídolo (1927-1929)
1927-1929: Fuera del mapa continental
Entre 1927 y 1929, Chile no disputó ninguna edición del Campeonato. La federación chilena, sumida en deudas y disputas internas, no logró armar delegaciones competitivas. Mientras Argentina, Uruguay y Paraguay se disputaban el título, Chile miraba desde la distancia.
Fue en este período, sin embargo, que ocurrió el hecho que pudo haber cambiado para siempre la historia del fútbol chileno.
El accidente que casi lo cambia todo
En mayo de 1927, David Arellano, fundador y capitán de Colo-Colo, se encontraba de gira con su equipo por España. El 2 de mayo, en un partido amistoso contra el Real Valladolid, Arellano recibió un golpe fortuito en el estómago durante una jugada. El impacto le provocó una peritonitis traumática que lo tuvo al borde de la muerte. Arellano sobrevivió a la operación, aunque su recuperación fue larga y dolorosa. Mientras Chile se ausentaba de los torneos sudamericanos, Arellano se sometió a un riguroso proceso de rehabilitación. No hubo entrenamientos intensos, sino caminatas, ejercicios de fortalecimiento gradual y una paciencia infinita.
Para cuando llegó 1929, Arellano estaba completamente recuperado. Su técnica, intacta; su voluntad, más fuerte que nunca. El largo reposo no había mellado su talento, sino que lo había templado. Estaba listo para volver a las canchas.