Pésimo. Estaba terrible de curado y volado, con unos amigos se nos ocurrió la genial idea de ir a unos toples y con tanta mina en pelota quedé más caliente que la chucha. Una me ofreció un privado, de puro caliente le dije que sí, me pegaron tremendo palo (creo que como gamba), y como estaba tan curado no me fui cortado nunca. Al menos me sirvió como lección para nunca más ir a perder plata a esas hueás.