Hola a todos. Sin deseo de incomodar a nadie, les cuento mi historia, donde fui una sobreviviente. Hace casi 4 años fui mordida por una Loxoceles laeta, mejor conocida como araña de rincón. Fue durante la noche, por lo que no me percaté de nada, ni tampoco pude atrapar al ejemplar. Al día siguiente comencé a sentir una picazón persistente en la pierna, al principio pensé que había sido un mosquito porque solo era un puntito rojo, total, era verano, y vivía frente a una plaza, por lo tanto era común que anduvieran zancudos. Pero conforme pasaron las horas, el puntito creció al tamaño de una moneda de 10 pesos y me di cuenta que al centro tenía un punto color negro oscuro, además, para ese momento ardía tanto, como si me estuvieran quemando con un cigarro en la zona. Mi novio me llevó a urgencias a un SAPU, y el doctor apenas me revisó. Me dijo que era un loxocelismo, me recetó antibióticos y para la casa no más. Justo era fin de semana, así que no pude ir hasta el lunes siguiente a médico, porque ahora la herida había crecido al tamaño de una moneda de 500 pesos. Esta vez fui a un SAR, y me hicieron un aseo quirúrgico, retirando todo el tejido muerto. Me recomendaron ir en 2 días a curaciones al SAPU que me correspondía. Esos días ni siquiera moví el parche, y cuando fui al SAPU para las curaciones, la Tens retiró el parche, y casi planta un grito. Yo ví la herida, con un tamaño gigante y el tejido negro y lo único que quería era llorar del puro susto y la impresión. La Tens me dijo que no iba a hacer nada, pero que me fuera a mi casa, preparara un bolso con pijama y artículos de aseo, y partiera de inmediato al hospital. Así lo hice, dejé mi casa arreglada, a mi gato bien encargado y en efecto, me hospitalizaron de inmediato. Esa misma madrugada me hicieron otro aseo quirúrgico y retiraron todo el tejido muerto, me pusieron suero con antibióticos y rogando a Dios que la necrosis no siguiera avanzando. Menos mal la necrosis se detuvo, así que a los 3 días volvieron a operarme, esta vez haciendo un injerto. Estuve casi a punto de que me amputaran el pie y la mitad de la parte de abajo de mi pierna, porque el injerto no sirvió y se temía que la necrosis siguiera avanzando. Para evitarlo estuve con antibióticos fuertes, y me conectaron a una máquina de terapia VAC (Sistema de presión negativa) para mantener la herida seca para facilitar la cicatrización. Así estuve hospitalizada 1 mes. Gracias a Dios los cuidados de los médicos, enfermeras y Tens surtieron efecto, y la necrosis se detuvo por fin sin llegar a comprometer tendones, ni músculos. Estuve 1 mes más convaleciente, dónde únicamente podía levantarme al baño, teniendo que depender de mi novio al 100%. Fue una experiencia espantosa y muy dolorosa, desgastante tanto en lo físico como en lo emocional, pero aquí estoy, viva y ya sana. De la experiencia quedó esta herida de guerra, y la felicidad de saber que cuento a mi lado con gente de la que no esperaba tanta preocupación, y los regaloneos y dedicación de mi novio, lo que nos unió aún más. Es cierto que cuando se está mal y enfermo sabes quiénes realmente están a tu lado.
Rancagua - VI Región Lib. Bernardo O'Higgins, Chile.
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